30 de septiembre de 2026. Este 30 de septiembre celebramos que, hace 17 años, nos dimos cita en el aula 309 del Claustro de San Agustín de la Universidad de Cartagena un grupo de personas LGBTIQ+ que habitábamos la ciudad y que veníamos teniendo encuentros periódicos desde meses atrás con tres propósitos: a) exigir el esclarecimiento del asesinato del profesor Rolando Pérez, ocurrido dos años atrás; b) exigir un acto de reparación a la Alcaldía Distrital ante la dificultad que, en noviembre del año anterior (2008), había tenido un grupo de mujeres trans al buscar participar en el Cabildo de Getsemaní; y c) promover que el nuevo gobierno de la ciudad, que llegaba con una clara visión de política feminista, activara, como acción afirmativa, la garantía de derechos de las personas sexo-género diversas que están presentes en la ciudad.

Dichos encuentros habían iniciado en mayo de ese año, cuando, por iniciativa del Instituto de Patrimonio y Cultura de la ciudad, ya se había puesto en marcha un plan para que las futuras fiestas novembrinas no generaran riesgos a la participación de las personas trans, y de la entonces Consejería de las Mujeres de la Alcaldía, que veía con preocupación la inexistencia de una acción ciudadana por el reconocimiento de los derechos de las personas LGBTIQ+ en la primera alcaldía de una mujer feminista en la ciudad. Sin embargo, dichas iniciativas comenzaron a sufrir retrasos y limitaciones propias de la función pública, por lo que nos vimos obligados a tener agenda propia como sociedad civil, que nos permitiera tener mayor nivel de exigencia ante el gobierno y poder superar una acción coyuntural en un proceso de transformación de ciudad.

Además, veíamos con mucha preocupación el desinterés de las autoridades judiciales en esclarecer el asesinato de Rolando Pérez, pues, coincidentemente, quienes asistíamos a esos espacios éramos antiguos compañeros y amigas de Rolando. Ante la impunidad de su muerte y la manera como los medios lo habían hecho merecedor de la violencia que acabó con su vida, nos vimos obligadas a movilizarnos para exigir el esclarecimiento de su asesinato y la urgencia de prevenir más acciones similares a futuro. Fue así como la primera acción colectiva se desarrolló en el espacio público de la ciudad. Si bien, en un principio, se convocó con el objetivo de hacer memoria de Rolando y exigir que su asesinato no quedara en la impunidad, llegaron varias personas con casos de otras personas de la ciudad que habían sido víctimas de violencia en razón de su orientación sexual, identidad o expresión de género. Por esos mismos días, la circulación en los medios locales de radio y prensa de noticias provenientes de Bogotá, relacionadas con la búsqueda del reconocimiento de derechos patrimoniales de parejas del mismo sexo, elevó en la ciudad el ruido homofóbico, con expresiones prejuiciosas que denigraban de la dignidad de las personas sexo-género diversas.

Todo esto nos invitó a ponernos manos a la obra y a tener agenda propia como sociedad civil. Con la cercanía de la Universidad, esa tarde de jueves nos juntamos 19 personas que, luego de conversar sobre todas estas cosas, decidimos organizarnos como una organización social. Caribe, porque sentíamos que era una reflexión que nos llevaba a resignificar el espacio cultural de la región; y Afirmativo, porque debíamos, aplicando la Constitución de 1991, exigir que se implementara el artículo 13, que prohíbe discriminar, entendiendo que esto no se da por sí solo y que obligaba al Estado a activar acciones afirmativas para corregir la inequidad.

Con cuatro énfasis: a) desde lo comunitario, que nos retara a transformar la cultura ciudadana; b) en torno a la urgencia de construir paz, porque el conflicto armado nos hace más difícil el proyecto de vida; c) desde la interseccionalidad, por la realidad propia de Cartagena y las vidas cruzadas de la ciudadanía; y d) dándole fuerza a la incidencia con autoridades locales, por su responsabilidad primera con la vida cotidiana.

Ese arranque se vio sellado en el mes de mayo siguiente, cuando, en las fiestas novembrinas y como un acto de reparación, salimos por las calles de la ciudad en lo que se consolidó como la primera movilización de las personas LGBTIQ+ en la ciudad y su reconocimiento como hacedores de fiestas y festejos, y que tiene su gran deuda pendiente en esclarecer el asesinato de Rolando, que, casi 20 años después, sigue en impunidad.

Llegar a estos 17 años de vida organizacional con ocho casas: Cartagena, Barranquilla, Ciénaga, Valledupar, Maicao, El Carmen, Medellín y Bogotá, en el país, y con presencia en Urabá, Cúcuta y el Norte del Cauca; fortaleciendo agendas en la implementación del Acuerdo de Paz, en la acogida a ciudadanía migrante y que busca protección; en litigio estratégico, trabajo con las comunidades y construcción de conocimiento; y con articulaciones en redes con otras organizaciones de las Américas, el Caribe y Europa.

Son días difíciles. Aprietan vientos de retroceso y los enemigos de la igualdad quieren imponer prácticas de retroceso en materia de vida digna para las personas LGBTIQ+. Situación que amerita que, hoy más que nunca, nuestro proyecto por la vida digna de las personas sexo-género diversas requiera el trabajo de nuestra organización, pues no las podemos dejar a la deriva.

Wilson Castañeda Castro

Dirección

Caribe Afirmativo

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