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25N: Las violencias que cruzan los cuerpos de las mujeres migrantes LBT en Colombia

Noviembre 27 de 2025. En el marco del 25 de noviembre, Caribe Afirmativo llama la atención sobre las violencias que atraviesan las mujeres migrantes lesbianas, bisexuales y trans en Colombia, cuyas historias siguen siendo contadas “desde los márgenes”, aunque sus cuerpos sean un punto de presión donde se cruzan la misoginia, la xenofobia y los prejuicios por orientación sexual o identidad de género. En el Informe de Perfiles Migratorios se recogen relatos de mujeres venezolanas LBT que han recorrido distintos territorios del país y que coinciden en que, para muchas de ellas, la migración no fue un simple proyecto económico, sino un acto de supervivencia emocional y física. “Salí porque ya no podía esconderme”, relata una participante, mientras otra recuerda que, en su entorno familiar, “todo se volvió difícil desde que supieron que me gustaban las mujeres” (Caribe Afirmativo, 2022).

La presión heteronormativa dentro de los hogares suele arrebatarles oportunidades educativas, redes de apoyo y, en algunos casos, incluso el derecho a permanecer bajo el mismo techo. Para varias de estas mujeres, se configura un cierre familiar que no solo es simbólico, sino también económico, empujándolas a recomenzar sus vidas en territorios desconocidos. Sin embargo, el país de acogida no siempre ofrece mejores garantías. La informalidad laboral, los salarios precarios y la exigencia permanente de “adaptarse para no llamar la atención” se convierten en violencias cotidianas que atraviesan su integración. “Aquí trabajo, pero es como si tuviera que disfrazarme para que no me miren mal”, afirma una mujer lesbiana consultada por el informe (Caribe Afirmativo, 2022).

La situación es aún más crítica para las mujeres trans migrantes, quienes no solo enfrentan el rechazo y la discriminación, sino también riesgos letales asociados a la inseguridad física, alimentaria y a la precarización de sus vidas. Sus testimonios muestran que estas violencias se profundizan en contextos donde operan políticas de control territorial que reproducen estigmas hacia quienes habitan, transitan o trabajan en las calles. Un ejemplo reciente es el Plan Titán en Cartagena, una estrategia que, bajo el discurso de la “seguridad”, ha terminado reforzando prácticas de persecución selectiva hacia personas trans, mujeres lesbianas y bisexuales y población migrante. En la ciudad, esta política ha servido para justificar operativos que expulsan, vigilan o sancionan a quienes se consideran “indeseables” en ciertos espacios del centro histórico y otros sectores turísticos, afectando especialmente a quienes ejercen el trabajo informal o el trabajo sexual, y para quienes el espacio público es un espacio de supervivencia.

Este tipo de políticas, aunque se haga referencia al caso de Cartagena, no son exclusivas de esta ciudad ni deberían normalizarse en el país. Suelen escudarse en narrativas de orden público mientras agravan las desigualdades de género, raza, clase, nacionalidad e identidad de género. Desde Caribe Afirmativo, insistimos en la necesidad de cuestionarlas, reformarlas y reemplazarlas por enfoques de seguridad humana que protejan la vida y la dignidad, en lugar de reforzar el miedo, la exclusión y la violencia institucional. La seguridad no puede construirse sobre los cuerpos más vulnerados ni sobre la negación del derecho de las mujeres migrantes LBT a existir y circular en paz.

A pesar de este panorama, las mujeres migrantes LBT no han renunciado a construir espacios de resistencia. Redes de apoyo entre pares, organizaciones comunitarias, liderazgos barriales y procesos acompañados por Caribe Afirmativo se han convertido en refugios, escuelas políticas y territorios afectivos. El informe destaca cómo estas redes “han permitido que muchas mujeres sobrevivan, pero también que reinventen la idea de hogar y comunidad”.

Este 25 de noviembre, Caribe Afirmativo insiste en que la violencia contra las mujeres no puede comprenderse plenamente sin un enfoque interseccional. Es indispensable escuchar a quienes imbrican múltiples realidades de exclusión y cuyas voces han sido históricamente excluidas. Reconocer la dignidad y las trayectorias de las mujeres migrantes lesbianas, bisexuales y trans es un paso urgente para avanzar hacia políticas públicas que las protejan, pero también para construir sociedades donde sus historias no sean excepciones invisibles, sino parte fundamental del relato colectivo.