18 de septiembre de 2025. En Colombia existe una amplia y consolidada presencia de organizaciones sociales que trabajan para garantizar la vida digna de las personas migrantes. Dentro de sus enfoques, la consideración de las orientaciones sexuales, identidad y expresiones de género diversas ocupa un lugar central. Estas organizaciones cumplen funciones de orientación, acompañamiento, integración y asistencia, procurando generar entornos protectores para quienes llegan al país.
Sin embargo, el alcance de su labor depende, en gran medida, del contexto político internacional, tanto por la dinámica de los flujos migratorios como por la disponibilidad de recursos financieros. Actualmente, agencias de cooperación internacional de países con fuerte presencia en Colombia —como Estados Unidos, la Unión Europea, Naciones Unidas, España, Países Bajos, Noruega y el Reino Unido— atraviesan dificultades económicas y posturas políticas de austeridad, lo que reduce las posibilidades de financiamiento de la cooperación internacional en el país, afectando acciones orientadas a mejorar las condiciones de vida y fortalecer la acción colectiva de grupos sociales históricamente marginalizados.
De acuerdo con Montserrat (2012), las organizaciones sociales desarrollan principalmente dos tipos de actividades. Por un lado, las dinamizadoras, que producen bienes inmateriales como ideas, valores, actitudes y saberes. Estas actividades fomentan la defensa de derechos, la protección de colectivos diversos, la construcción de lazos comunitarios y la promoción de valores como la solidaridad y la tolerancia. Por otro lado, las productivas, que generan bienes tangibles a través de la prestación de servicios o la producción y comercialización de productos. Mientras los bienes inmateriales no se concretan en objetos físicos, los materiales sí permiten observar de manera directa los resultados, aun cuando se trate de servicios.
En la práctica, las organizaciones combinan ambos tipos de actividades y han logrado especializarse con el tiempo, asumiendo funciones que muchas veces suplen vacíos estatales. Asimismo, constituyen redes de apoyo fundamentales para las personas LGBTIQ+ migrantes, articulando con actores del sector privado, la academia, instituciones gubernamentales, otras organizaciones sociales y liderazgos políticos. De este modo, también desempeñan un papel de mediación y contribuyen a generar formas de gobernanza entre los distintos actores vinculados al fenómeno migratorio.
No obstante, la sostenibilidad de las organizaciones depende en gran medida de recursos externos. La dependencia de fondos de cooperación o del propio Estado las hace vulnerables a los cambios en las agendas internacionales y gubernamentales. Actualmente, las convocatorias disponibles son escasas y altamente competitivas, ya que los intereses internacionales se han orientado hacia temas como la tecnología, la inteligencia artificial, medios de vida, medio ambiente y energías renovables. Esto reduce las oportunidades de financiación y los montos disponibles, debilitando la capacidad de acción de las organizaciones.
El impacto más grave de esta situación recae en las personas migrantes, quienes ven reducida la oferta de servicios, apoyos materiales y acompañamiento. Más allá de lo tangible, investigaciones como Habitar el umbral (Caribe Afirmativo, 2025) evidencian que las OSC constituyen un soporte emocional y comunitario insustituible para las personas migrantes LGBTIQ+. La pérdida de estas redes implica, por tanto, un deterioro en sus posibilidades de bienestar y de integración.
Otro riesgo importante es la disminución de la capacidad de incidencia política. A diferencia de otros actores como la academia, que cuentan con mecanismos más estables de sostenibilidad, las organizaciones sociales corren el riesgo de perder presencia en espacios de voz y toma de decisiones si no logran mantenerse en el tiempo. Esto afecta las narrativas sobre migración, ya que históricamente quienes detentan el poder han moldeado el imaginario público en torno a las personas migrantes, muchas veces reforzando la discriminación y la violencia. En el caso de las diversidades sexuales y de género, esta tendencia se agrava con la proliferación de discursos abiertamente discriminatorios. Y en ambos casos, la criminalización y persecución de su existencia.
Frente a este panorama, se hace necesario explorar alternativas que permitan la subsistencia y fortalecimiento de las organizaciones sociales. Entre ellas, destacan la resistencia ante los embates de la ultraderecha, la creación de mecanismos propios de sostenibilidad económica y la articulación con gobiernos y actores internacionales comprometidos con la protección de los derechos de las personas migrantes.
Para Caribe Afirmativo, el trabajo en red es un elemento crucial para contrarrestar la guerra cultural que ha tomado fuerza con el ascenso de gobiernos anti derechos y de ultraderechas en países que ostentan el poder hegemónico en occidente. Construir redes de apoyo entre organizaciones basadas en los principios de solidaridad, reconocimiento de la diversidad y la protección integral de las personas en su diversidad es una apuesta política que busca atender las necesidades de la organización social y la acción colectiva.
