10 de junio de 2025. Para una persona LGBTIQ+ que sale de su país o territorio, la celebración del Día del Orgullo puede representar un sinnúmero de recuerdos y nostalgias por lo que dejó atrás (duelo migratorio), pero también puede significar la construcción de nuevos espacios con respeto a su orientación sexual, identidad y expresión de género.
Pero celebrar el Orgullo en un territorio de acogida suele estar lleno de retos y barreras, sobre todo si están relacionados con su regularización migratoria y el acceso a derechos. Por tales motivos esta fecha toma un nuevo significado para las personas LGBTIQ+ en situación de movilidad humana. ¿Cómo se vive el orgullo LGBTIQ+ en un nuevo territorio, sujeto a barreras, pero también al potencial de transformaciones personales y comunitarias?
Del sexilio a la resistencia
Para muchas personas LGBTIQ+, migrar fue un acto de supervivencia, de escapar de entornos inseguros, a eso es lo que el sociólogo Manolo Guzmán llamó “sexilio”, para referirse al autoexilio forzado por razón de sus identidades y expresiones de género diversas, así como de sus orientaciones sexuales.
Las personas LGBTIQ+ “sexiliadas” se enfrenta a riesgos: violencia en las rutas migratorias, desconocimiento de la identidad de género, trata y explotación laboral, barreras para acceder a la salud y al empleo. Estas irregularidades son más palpables en personas con experiencias de vida trans o identidades no hegemónicas, quienes tienen mayores dificultades para alojamiento, servicios, entre otros. En ese sentido, las identidades diversas se mueven por países de las Américas, buscando mejores condiciones de vida.
Pese a la hostilidad, surgen iniciativas que articulan identidad, arte y resistencia. Un ejemplo es Casa Drag Latina, un colectivo de drag queens migrantes establecidas en Madrid (España), integrado por Nativa (México), Gad Yola (Perú), Lady Cirka (Brasil) y Shirley Stonyrock (Ecuador), quienes lograron crear un espacio seguro para todas las personas LGBTIQ+ provenientes de otros países y territorios, donde celebrar el orgullo y hablar desde la propia experiencia migrante.
Colectivos así convierten esta fecha en un acto político y comunitario: un cruce entre diversidad y migración, una forma de resistir a la invisibilización. Frente a un discurso que criminaliza al otro, las agrupaciones de personas LGBTIQ+ en “sexilio” buscan transformar las narrativas en afirmación del “otro”, del reconocimiento y la resistencia.
Pero, ¿qué celebración del Pride pueden tener las personas LGBTIQ+ en movilidad humana, si en los territorios de acogida están expuestos a nuevos riesgos? En muchos casos, la vulneración de sus derechos se multiplica por dos, al ser excluidos por ser “maricas” y “forasteras”. No en vano, un comunicado de Naciones Unidas (2022) describe las situaciones que enfrentan: “Los refugiados, los solicitantes de asilo, los migrantes, los desplazados internos y las personas apátridas trans y de género diverso se encuentran entre las personas que corren más riesgo de sufrir abusos físicos y psicológicos, golpizas, violaciones, torturas y asesinatos, ya que su expresión de género visible se percibe a menudo como un desafío directo a las normas sociales dominantes en los países o zonas de origen, tránsito y destino”.
¿Cuáles riesgos suelen afrontar las personas LGBTIQ+ que se movilizan hacia otros países distintos a los natales?
- Documentación y reconocimiento legal: la falta de reconocimiento legal a los nombres y géneros identitarios supone una barrera envuelta en prejuicios para el acceso a derechos básicos con enfoque diferencial y respeto a su dignidad personal.
- Alojamiento y salud: muchas personas migrantes enfrentan rechazo al arrendar vivienda o acceder a atención médica, particularmente si manifiestan expresiones de género no binarias o no heteronormativas.
- Violencia xenofóbica y transfóbica: Un informe regional reporta que, al menos, en 8 países de América Latina las personas LGBTIQ+ migrantes sufren violencia y xenofobia. En Ecuador, un 67 % de migrantes LGBTIQ+ sufren violencia basada en su origen y género. En Colombia, el 40 % de hombres gays y bisexuales migrantes ocultan su orientación para evitar discriminación.
Estas barreras no desaparecen con un Pride, no obstante, las celebraciones del Orgullo pueden ser los espacios indicados para resignificar su permanencia en los nuevos territorios.
Celebrar el Orgullo como acto de resistencia
A pesar de los retos, muchas personas LGBTIQ+ migrantes, desplazadas, asiladas o solicitantes de refugio pueden ver el Pride en sus territorios de acogida como una oportunidad para el renacimiento personal. ¿Cómo hacerlo?
- Reconstruye el tejido social con otras personas LGBTIQ+ migrantes, redes de apoyo, organizaciones de base comunitaria, entre otros. En la mayoría de países del hemisferio, las personas LGBTIQ+ y las personas migrantes son sujetos de especial protección, por lo que alguien que sume ambas características deben recibir apoyo prioritario.
- Aprovecha las marchas y actividades del Pride para visibilizar las barreras que afrontan las personas LGBTIQ+ en situación de movilidad humana, como acceso a regularización migratoria, reconocimiento del nombre y género identitario en la documentación, acceso a mecanismos de protección internacional para personas refugiadas o solicitantes de refugio, acceso a derechos y servicios, atención consular de su país de origen, acompañamiento en salud mental entre otros. trae temas como refugio, sexilio, accesibilidad legal, asistencia consular o atención psicosocial.
- Sé activista por los derechos de las personas LGBTIQ+ en situación de movilidad humana. El hecho de ser migrante, refugiado o solicitante de asilo no le resta derechos para ejercer el liderazgo en tu comunidad o círculos de influencia. Busca asesoría y capacitación en asuntos relacionados con la población LGBTIQ+, el derecho a la migración y los mecanismos de protección internacional, así como leyes nacionales y tratados internacionales que regulan en la materia.
Conmemorar el día/mes del Orgullo fuera del país natal es un acto poderoso y muy político, representa resistencia frente a un sexilio impuesto, duelo por lo perdido, desconcierto cultural y barreras legales. Pero también puede significar una reconstrucción de vida, un nuevo tejido social y ampliación del sentido de pertenencia. En esa mezcla reside la fuerza del orgullo migrante: la capacidad de existir, reconocerse y transformarse.
