Fortalecer las capacidades colectivas, la articulación regional y la incidencia política de las organizaciones LGBTIQ+ en América Latina y el Caribe, promoviendo el trabajo comunitario como una estrategia de resistencia, cuidado y transformación social.
01 de noviembre de 2026. El trabajo comunitario es un proceso colectivo, político y afectivo que busca sostener la vida, generar redes de cuidado y fortalecer las capacidades para resistir e incidir frente a las violencias estructurales, con la capacidad de reconocer las particularidades de cada sujeto y su entorno; desde un enfoque de derechos humanos, que sitúa la dignidad, la igualdad y la no discriminación como principios rectores; y el enfoque de género, que invita a cuestionar las relaciones de poder que sostienen las desigualdades, perpetuando la opresión.
Construir comunidad es una práctica política y cultural que da voz a los territorios y a las experiencias que suelen quedar marginadas en los discursos dominantes. Por ello, la incidencia, la visibilización y la transformación pueden contribuir a las estrategias para el cambio social, articulando el arte, la cultura, la educación popular y la acción colectiva para fortalecer el tejido comunitario.
La riqueza y diversidad del trabajo comunitario LGBTIQ+ en la región permitieron identificar aprendizajes clave: la diversidad organizativa como una fortaleza, la relevancia de las alianzas estratégicas para la sostenibilidad y la necesidad de mantener la comunicación comunitaria como eje articulador de los procesos de cambio. También se enfrentan desafíos comunes, como la sostenibilidad financiera, las brechas digitales y la importancia de fortalecer el liderazgo y el relevo generacional en los procesos comunitarios.
El papel del trabajo comunitario como estrategia para sostener la vida, ampliar derechos y transformar realidades, como una apuesta ética y política que se construye desde los territorios y las experiencias diversas, es hoy un mecanismo de fortalecimiento del movimiento LGBTIQ+ para cuidar lo ganado, conectar con las comunidades para convertirlas en aliadas estratégicas y transformar las realidades cotidianas cuando se traducen en términos cotidianos expresiones de desprecio hacia una persona en razón de su orientación sexual, identidad o expresión de género.
La Red Popular Regional de Trabajo Comunitario LGBTIQ+ es un espacio de articulación, aprendizaje y acción colectiva integrado por organizaciones, liderazgos y experiencias comunitarias de América Latina y el Caribe que trabajan por la igualdad, la dignidad y la vida libre de violencias para las personas LGBTIQ+. Surge como resultado del proceso de juntanza regional que identificó la necesidad de fortalecer los vínculos entre iniciativas locales, compartir metodologías y construir un marco común de trabajo desde la diversidad territorial, cultural y política. La red se fundamenta en principios de solidaridad, cuidado mutuo, horizontalidad y justicia social, reconociendo que el trabajo comunitario es una estrategia política para transformar realidades, resistir a los discursos de odio y sostener la vida en contextos de desigualdad.
La red se fundamenta en principios de solidaridad, cuidado mutuo, horizontalidad y justicia social, reconociendo que el trabajo comunitario es una estrategia política para transformar realidades, resistir a los discursos de odio y sostener la vida en contextos de desigualdad. Actuamos bajo un enfoque interseccional, territorial y de derechos humanos, lo que implica reconocer las múltiples formas de opresión que atraviesan a las personas sexo-género diversas, la importancia de los territorios como espacios de identidad y resistencia y la defensa integral de los derechos humanos como horizonte ético y político. Desde la diversidad de nuestras voces y territorios, la red busca tejer alianzas, generar conocimiento colectivo y fortalecer las capacidades organizativas de los movimientos LGBTIQ+ para incidir de manera efectiva en la construcción de sociedades más justas, incluyentes y libres de discriminación.
Consolidar una red regional diversa, sostenible y articulada que impulse cambios estructurales hacia la igualdad, la justicia social y el reconocimiento pleno de los derechos de las personas LGBTIQ+, desde los territorios y las experiencias comunitarias.
Objetivo general: impulsar el trabajo comunitario LGBTIQ+ como una herramienta de fortalecimiento organizativo, comunicación política e incidencia territorial, promoviendo el cuidado colectivo y la construcción de poder popular regional.
La acción en red en perspectiva comunitaria promueve profundas reflexiones:
- Ante los retrocesos en el mundo en materia de derechos LGBTIQ+, ¿cómo estamos fortaleciendo las capacidades organizativas y de liderazgo comunitario, promoviendo la sostenibilidad y el autocuidado de las organizaciones integrantes?
- Ante los mensajes de odio y la persecución en espacios digitales contra las personas LGBTIQ+, ¿cómo consolidamos estrategias de comunicación, memoria y producción de conocimiento que visibilicen las luchas y aportes de las comunidades LGBTIQ+ en la región, sin que aumenten los riesgos?
- Ante la reducción del espacio cívico y la persecución a los procesos colectivos LGBTIQ+, ¿cómo impulsar la articulación política e interseccional entre organizaciones y movimientos aliados para incidir en políticas públicas y procesos de integración regional?
El trabajo comunitario es un importante aporte en la producción de saberes y metodologías comunitarias, mediante herramientas pedagógicas, procesos de memoria histórica y expresiones culturales como el cine y el teatro comunitario. Estas prácticas se complementan con acciones de incidencia política, incluyendo la creación de defensorías comunitarias, la formación de funcionariado público y la construcción de rutas de atención locales. En algunos contextos, también se identificaron iniciativas vinculadas a la economía solidaria y la sostenibilidad organizativa, orientadas a generar ingresos, fortalecer la autonomía económica y promover prácticas de transparencia y rendición de cuentas.
Hay desafíos estructurales urgentes que limitan el impacto y la sostenibilidad del trabajo comunitario. Entre ellos se encuentran la falta de financiamiento estable y la concentración de recursos en un número reducido de organizaciones; las tensiones internas dentro de los movimientos sociales, asociadas a prácticas de transfobia, racismo o clasismo; las brechas tecnológicas que dificultan la articulación regional, especialmente en zonas rurales e incluso en países como Cuba y Venezuela; el debilitamiento o insuficiencia de liderazgos comunitarios; y la ausencia de estrategias regionales coordinadas para hacer frente al aumento de los discursos de odio y los ataques contra personas.
La Red define como misión el fortalecimiento de las capacidades colectivas, la articulación regional y la incidencia política desde el trabajo comunitario; como visión, la consolidación de una red diversa, sostenible y articulada capaz de impulsar cambios estructurales hacia la igualdad y la justicia social; y como objetivo general, posicionar el trabajo comunitario como una herramienta clave para el fortalecimiento organizativo, la comunicación política y la incidencia territorial en la región. En coherencia con este marco, el Plan de Trabajo establece tres objetivos específicos: i) fortalecer las capacidades organizativas, los liderazgos comunitarios y la sostenibilidad de las organizaciones; ii) consolidar estrategias de comunicación, memoria y producción de conocimiento desde los territorios; y iii) impulsar la articulación política e interseccional con movimientos y actores aliados a nivel regional.
Preocupa la creciente instrumentalización de discursos de odio y narrativas antigénero en contextos electorales en varios países de la región. A diferencia de las expresiones abiertas en las élites políticas o institucionales, estos discursos tienden a operar con mayor fuerza en las bases sociales y en los territorios, utilizando lenguajes moralizantes, religiosos o securitarios que apelan a miedos, desinformación y prejuicios arraigados. Este fenómeno representa un riesgo significativo para la agenda LGBTIQ+, en tanto contribuye a legitimar la exclusión, normalizar la violencia simbólica y generar condiciones propicias para retrocesos normativos y sociales.
Los discursos antiderechos no siempre se manifiestan de forma explícita en los niveles formales de decisión, sino que se consolidan de manera progresiva en lo popular y comunitario, impactando directamente la convivencia, la seguridad y la legitimidad social del trabajo de las organizaciones LGBTIQ+. En este sentido, el riesgo no se limita a posibles cambios en políticas públicas, sino que afecta de manera directa los entornos comunitarios, incrementando la estigmatización, la autocensura, el desgaste de liderazgos locales y la exposición a violencias, especialmente hacia personas trans, jóvenes, personas racializadas y comunidades en situación de pobreza.
Para mitigar este riesgo, el proyecto optó por fortalecer su enfoque comunitario, priorizando la construcción de narrativas colectivas desde los territorios, la articulación entre organizaciones de distintos países y la vinculación del trabajo a actores sociales específicos en cada contexto local. Se promovió el desarrollo de estrategias de comunicación comunitaria y herramientas de incidencia orientadas a disputar sentidos en el ámbito social y cultural, entendiendo que el enfrentamiento a los discursos de odio requiere acciones sostenidas «desde abajo hacia arriba», capaces de transformar imaginarios, narrativas y prácticas cotidianas. Estas medidas permitieron reducir la exposición a riesgos, garantizar la participación segura de las organizaciones y adaptar la implementación del proyecto a un contexto regional complejo y cambiante, sin comprometer sus objetivos ni la integridad de las personas involucradas.
Wilson Castañeda Castro
Director
Caribe Afirmativo
