Rechazamos ataque transfóbico en Argentina

05 de noviembre de 2026. El pasado 2 de noviembre, durante horas de la noche, un grupo de más de 50 hombres se habría organizado para perseguir y agredir a mujeres trans en los Bosques de Palermo, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Los videos publicados por los presuntos agresores en sus redes sociales permiten observar cómo se reúnen, se movilizan y posteriormente atacan a las mujeres trans, evidenciando indicios de planificación previa de las agresiones. 

La intencionalidad de estos hechos también fue señalada por una de las víctimas, quien sufrió golpes que le provocaron un hematoma en uno de sus ojos. Al referirse a los elementos utilizados por los agresores, manifestó: «En la zona roja no hay palos, no hay fierros, no hay nada. Ellos ya vinieron preparados para esto». Este testimonio pone de manifiesto la gravedad de lo ocurrido y refuerza la necesidad de investigar las circunstancias en las que se organizaron y ejecutaron estos ataques.

Los hechos fueron grabados y posteriormente difundidos a través de las redes sociales, particularmente Instagram. Entre las publicaciones realizadas, uno de los presuntos responsables escribió, en tono de burla: «Me dicen ahora el matatrans», una expresión que evidencia la banalización de la violencia contra las personas trans.

Estos acontecimientos ponen de manifiesto cómo los prejuicios y estigmas construidos socialmente alrededor de las identidades de género no hegemónicas, particularmente contra las mujeres trans y travestis, pueden traducirse en expresiones extremas de violencia física. No se trata únicamente de agresiones individuales: la organización de un grupo numeroso para perseguir a mujeres por su identidad de género, junto con la posterior difusión de los hechos en redes sociales y su utilización como motivo de burla, constituye una manifestación alarmante de la violencia por prejuicio y de persecución por motivos de género.

Las mujeres trans y travesti advierten que estos hechos no son aislados, sino que hacen parte de una realidad de violencia que se viene presentando de manera reiterada. Un antecedente de esta situación tuvo lugar el pasado 31 de agosto, cuando Furia Travesti realizó una movilización para denunciar las distintas formas de violencia que han enfrentado las personas trans y travestis durante este año. En dicha convocatoria se visibilizaron las agresiones transfóbicas y el incremento de situaciones de violencia en la Zona Roja del municipio de La Plata.

Es importante señalar que esta violencia no se limita a las mujeres trans que ejercen el trabajo sexual, ni está condicionada por su actividad laboral. Las agresiones motivadas por prejuicios hacia las identidades de género atraviesan distintos espacios de la vida cotidiana de las personas trans. Así lo evidencia otro hecho denunciado el pasado 3 de septiembre, cuando un hombre habría atacado con un objeto contundente a una mujer trans en un centro médico de Río Tercero y posteriormente se habría referido a ella, de manera reiterada, mediante expresiones discriminatorias relacionadas con su identidad de género.

Asimismo, resulta necesario examinar el contexto político e institucional en el que ocurren estos hechos. El presidente de Argentina, Javier Milei, ha realizado públicamente declaraciones despectivas y estigmatizantes hacia las personas con identidades de género no hegemónicas. Este tipo de pronunciamientos, provenientes de quien ejerce la máxima representación del Poder Ejecutivo Nacional, no pueden ser considerados irrelevantes en una sociedad atravesada por desigualdades estructurales y violencias históricas contra las personas trans y travestis. Los discursos provenientes de autoridades públicas tienen una dimensión política y social que puede contribuir a legitimar prejuicios, reforzar estereotipos y profundizar la exclusión. 

En este sentido, resulta especialmente preocupante que, mientras las mujeres trans y travestis enfrentan situaciones de persecución, agresión y violencia, desde las más altas esferas gubernamentales se reproduzcan expresiones que cuestionan y deslegitiman sus identidades y derechos. La indiferencia institucional y la legitimación social de los discursos de odio profundizan las condiciones que hacen posible la reproducción de estas violencias.

Estos hechos no pueden quedar en la impunidad. Exigimos que los responsables sean investigados y, de comprobarse su participación, reciban las sanciones que correspondan conforme al marco jurídico vigente. De igual manera, es urgente que se adopten medidas de protección y garantías de no repetición, no solamente para las mujeres trans que fueron víctimas directas de estas agresiones, sino también para las mujeres trans y travestis que habitan en Argentina y que enfrentan cotidianamente distintas expresiones de violencia, discriminación y exclusión. La protección de sus vidas no puede limitarse a respuestas posteriores a las agresiones; requiere acciones institucionales permanentes que prevengan la violencia y garanticen el ejercicio pleno de sus derechos.

En el marco de la Marcha del Orgullo LGBTIQ+, que se realizará el próximo 7 de noviembre en la ciudad de Buenos Aires, expresamos nuestra solidaridad con las mujeres trans y travestis de Argentina, así como con todas las personas trans, travestis y personas con orientaciones sexuales, identidades y expresiones de género no hegemónicas que enfrentan contextos de discriminación y violencia.

Reafirmamos nuestro compromiso con la defensa de sus derechos humanos, el reconocimiento de sus identidades y la exigencia de condiciones de vida libres de violencia. Hoy, más que nunca, es necesario que las calles, los espacios públicos y todos los ámbitos de la sociedad sean lugares seguros para todas las personas, sin distinción por su identidad o expresión de género ni por su orientación sexual.

Los hechos ocurridos en los Bosques de Palermo son una expresión alarmante de la realidad que enfrentan cotidianamente las mujeres trans, quienes son perseguidas, violentadas y humilladas por razón de su identidad de género.  Estos actos no pueden ser normalizados, minimizados ni presentados como expresiones de diversión o entretenimiento. Son manifestaciones de una violencia por prejuicio que atentan contra la dignidad, la integridad y la vida de las mujeres trans. 

El silencio, la indiferencia y la falta de garantías no pueden seguir siendo parte del contexto en el que estas violencias se reproducen.

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